En el marco de la Primera Temporada 2026 de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, el director mexicano Roberto Beltrán Zavala asumió la batuta como director huésped en un programa que se aparta de las estructuras tradicionales del concierto clásico para situarse en un territorio híbrido: el punto de encuentro entre la escritura musical y la libertad del jazz.
Bajo el título Día Internacional del Jazz (Programa 8), el concierto no solo conmemora una fecha, sino que propone una lectura activa sobre la vigencia del lenguaje jazzístico dentro del ámbito de la música de concierto.
Un solista que también es autor
El programa encuentra su eje en la participación del pianista y compositor Héctor Infanzón, figura clave del jazz en México, cuya presencia introduce una dimensión poco habitual en el formato sinfónico: la del intérprete que dialoga con su propia obra.
Su pieza, Con cierta candela, concebida como un concierto para piano y orquesta de cuerdas, articula un espacio donde la precisión de la partitura convive con la energía rítmica y el impulso expresivo del jazz. No se trata únicamente de una obra contemporánea, sino de una propuesta que exige a la orquesta adaptarse a un lenguaje que no le es completamente propio, generando una tensión creativa que redefine el rol del conjunto.
Un programa que cruza lenguajes
El programa se completa con obras que amplían este diálogo estilístico:
- La Suite de Jazz No. 1 de Dmitri Shostakovich (en arreglo de Viktor Olshevsky), que incorpora elementos del jazz desde la perspectiva de la tradición sinfónica del siglo XX.
- La Suite para cuerdas de Leoš Janáček, que aporta un contrapunto desde el lenguaje expresivo europeo, anclado en la claridad estructural y la intensidad emocional.
Lejos de funcionar como piezas aisladas, estas obras construyen un recorrido que explora distintas formas de aproximarse al ritmo, la textura y la identidad sonora.
Dirección como punto de equilibrio
En este contexto, la labor de Roberto Beltrán Zavala adquiere una dimensión particular. No se trata únicamente de coordinar la ejecución, sino de construir un espacio donde convivan distintos lenguajes sin que ninguno pierda su identidad.
Dirigir un programa de estas características implica:
- Ajustar el balance entre precisión y flexibilidad
- Gestionar la interacción entre solista y ensamble
- Mantener coherencia en un repertorio estilísticamente diverso
Más que imponer una lectura unificada, la dirección se convierte en un ejercicio de articulación, donde cada obra encuentra su lugar dentro de una narrativa mayor.
La elección de un programa dedicado al jazz dentro de una temporada de música de cámara no responde únicamente a una conmemoración, sino a una postura artística: reconocer al jazz como un lenguaje vigente, capaz de dialogar con la tradición sinfónica sin diluirse en ella.
En ese sentido, este concierto no plantea una fusión superficial, sino un encuentro real entre formas de pensamiento musical distintas.





