Una noche memorable en el Palacio de Bellas Artes: sinfonía, pasión y maestría musical

Los días 20 y 22 de febrero de 2026, el Maestro Roberto Beltrán-Zavala dirigió a la Orquesta Sinfónica Nacional en dos conciertos que destacaron por su intensidad interpretativa, riqueza tímbrica y profundidad musical.

El programa abrió con la Obertura de la compositora francesa Germaine Tailleferre, una obra de carácter brillante y refinado que permitió a la orquesta desplegar claridad, ligereza y precisión rítmica desde los primeros compases. Su escritura elegante marcó el inicio de una velada cuidadosamente estructurada en contrastes y matices.

Uno de los momentos centrales fue el Concierto para guitarra No. 3 de Eduardo Angulo, interpretado por el guitarrista Pablo Garibay. La lectura del solista se distinguió por su musicalidad y dominio técnico, estableciendo un diálogo equilibrado con la orquesta. La obra del compositor Eduardo Angulo, con su lenguaje contemporáneo y su arquitectura sólida, aportó un espacio de reflexión sonora y lirismo contenido dentro del programa.

La segunda parte estuvo dedicada a Danzas sinfónicas de Serguéi Rajmáninov, una de las partituras más complejas y expresivas del repertorio orquestal del siglo XX. En esta obra —última composición del autor— convergen nostalgia, fuerza rítmica y una orquestación de gran sofisticación.

A lo largo del concierto, la orquesta exploró contrastes dinámicos intensos, texturas densas y episodios de gran lirismo, culminando en un final de energía contundente y afirmación sonora. La dirección del Maestro Beltrán-Zavala subrayó la arquitectura interna de la obra, resaltando tanto su carácter rítmico como su dimensión introspectiva.

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Para conocer más detalles y algunos momentos destacados de la serie de conciertos de la OSN en el Palacio de Bellas Artes, consulta esta publicación de la Orquesta Sinfónica Nacional:

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